Saludos a todos, damas y caballeros.
Como sabréis muchos, una de mis obsesiones es reeditar, debidamente adaptadas a nuestro Trasfondo y ejércitos, las maravillosas campañas narrativas que salieron en quinta edición. Fruto de ello son campañas como "El Reposo de los Muertos", reinterpretación de Círculo de Sangre, y "La Gesta de Wallenstein", reinterpretación de La Gesta de Agravain. Esta campaña es una más, inspirada en La Venganza de Drong: en este caso, La Venganza de Khornelissen.
Los que recordéis a Khornelissen sabréis que ya murió, a manos del orco negro Hurk Clavo Oxidado, en una campaña que recuerdo con gran cariño y que precisamente trataba de ver quién conseguía cargárselo. Sin embargo, nada me impide seguir jugando con él, como es obvio. Lo único necesario es que la campaña que juegue con él se sitúe narrativamente antes de su muerte, tal como es el caso, ya que Khornelissen murió en el 2306 CI. Así que ahora, gracias a esta campaña, va a tener la posibilidad de seguir haciendo lo que más le gusta con diferencia: el cafre.
Los skaven tienen un carisma inigualable, las cosas como son, y me hace gran ilusión jugar contra ellos. Ya ha habido alguna campaña en que han aparecido, como ésta o ésta, pero hasta ahora siempre han sido del Clan Eshin. Broltimer tiene un ejército enorme y muy variado, pero se inclina fuertemente hacia el Skryre, por lo que, como iréis viendo, muchas de las partidas las jugará con el suplemento de este clan de Warhammer Reforged. De hecho, ya hemos jugado las dos primeras partidas, y a la vuelta del verano procuraremos jugar las dos últimas. Como suelo hacer en estos casos, iré poco a poco colgando los escenarios, informes de batalla y relatos, dejando esto como entrada madre.
En
el año 2088 CI, Khornelissen se estaba convirtiendo en uno de los paladines de
Khorne más poderosos en los Desiertos del Caos. Su victoria en duelo singular
contra adversarios del calibre del dos veces maldito Trifón, del Segador de
Esperanzas o de Konrad Von Balefire había hecho que su renombre alcanzara los
rincones más recónditos de esa tierra condenada, y su hueste había crecido en
consecuencia. Aunque una parte importante de sus seguidores eran astados, con
los que siempre había tenido una gran afinidad dada su propia naturaleza
bestial, su banda de asesinos también estaba formada por algunos guerreros del
Caos, por bestias abominables atraídas por su aura de violencia y por tribus
Kurgan consagradas a Khorne que habían escuchado su terrible fama y querían
servir bajo su liderazgo.
Por
ello, cuando su horda comenzó a alcanzar cierta masa crítica, Khornelissen
decidió que, si quería seguir creciendo, había llegado el momento de liderar
una incursión más allá de los Desiertos. Su objetivo no fueron las tierras
civilizadas de Kislev, el Imperio o su Bretonia natal, sino las Tierras
Oscuras, pues quería llegar a los tenebrosos dominios de los enanos del Caos y
obtener sus preciadas armas y armaduras para reforzar el poderío de su hueste.
En sus muchos combates había esclavizado a buena parte de los enemigos a los
que había derrotado, y pensaba intercambiar estos esclavos por los objetos que
las siniestras forjas de los Dawi-Zharr producían día tras día. O quizá mataría
a los esclavos, a los enanos y a todo el que pillara y se quedaría con los
pertrechos igualmente. Ya lo decidiría cuando estuviera allí. Khornelissen no
era un hombre proclive a los planes elaborados.
El
camino de Khornelissen hacia las Tierras Oscuras lo llevó a atravesar el Paso
de la Bruja, donde sabía que se alzaba la antigua fortaleza enana de Kraka
Vrakh. Aunque no era más que un puesto avanzado de vigilancia e instalación
minera de la cercana Karak Vlag, representaba un obstáculo más que respetable,
pero el demente paladín de Khorne no tenía intención de evitarlo. Más bien al
contrario, la toma de esa fortaleza le reportaría cráneos y quizá esclavos u
objetos que intercambiar con los Dawi-Zharr, quienes probablemente estarían muy
satisfechos de que sus parientes hubieran sido agraviados.
Sin
embargo, lo que Khornelissen no sabía era que Kraka Vrakh ya había sido
invadida. En la década del 2070, los skaven del Clan Broltich habían liderado
una incursión exitosa que había sometido la fortaleza enteramente bajo su
control, en un golpe de mano audaz que les hizo mejorar ostensiblemente su
posición en el complejo entramado de contrapesos que representa la política de
los clanes skaven. Para el Clan Broltich, la posesión de Kraka Vrakh,
renombrada como Pico Sombrío, tenía un importante valor estratégico: en primer
lugar, su posición geográfica le permitía controlar buena parte del comercio
que se produjera entre skaven y enanos del Caos, así como detectar los
movimientos de las tropas que abandonaran los desiertos y transmitir (u
ocultar) esta información según fuera conveniente; en segundo lugar, la
cercanía a los Desiertos permitía enviar de vez en cuando expediciones de
captura de las temibles bestias que lo poblaban, que después eran vendidas al
Clan Moulder a un buen precio. El Clan Broltich había incluso usado los
cuantiosos ingresos que esta actividad le reportaba para disponer de un
programa secreto de desarrollo de armamento tecno-mágico, para lo cual había invitado a ingenieros brujos del Clan Skryre, del cual era vasallo, y establecido
horrorosos laboratorios en las ruinas de la antigua fortaleza enana, a salvo de
miradas indiscretas.
Por tanto, el Clan Broltich sabía que debía hacer todo lo posible por defender Pico Sombrío, ya que, si caía, buena parte de los elementos de fuerza que podía ejercer ante el resto de clanes desaparecerían. La situación se complicó sobremanera cuando vieron los ensangrentados estandartes de la hueste de Khornelissen aparecer a través de los caminos nevados, pues era la clase de enemigo al que más podían temer: un completo demente que no estaba interesado más que en la matanza y el derramamiento de sangre a niveles exacerbados.
Escenarios
Informes de batalla
Relatos
.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario