Saludos a todos, damas y caballeros.
Como llevo varios años diciendo, cuando entra la primavera me convierto en un hombre feliz. Me encanta que se pueda pasear en mangas de camisa por la calle, que los días se alarguen, que las flores comiencen a germinar y sobre todo que regresen los vencejos, por los que tengo un gran cariño. Es verdad que, en los últimos tres o cuatro años, cuando cambia el clima y empieza a hacer calor me quedo machacao, y me tiro diez días o dos semanas hecho un despojo. Sabe Dios por qué. En cualquier caso, es un peaje que acepto gustoso.
También es posible que me haya notado más cansado estos días porque en marzo me tuve que pegar una paliza guapa de escribir, motivo por el que no hice escalada: apenas había pintado seis miniaturas, y me daba algo de vergüenza. En abril, ya libre de compromisos, he retomado un poco el ritmo y he sacado adelante algunas cosas. Quizá no tanto como hubiera querido, pero ya va bien. Es por ello que os traigo la escalada conjunta con un poco de sustancia.









