Saludos a todos, damas y caballeros.
Lo único peor que una entrada tan ñoña como ésta que publiqué el año pasado es que se convierta en una serie. Me temo que es exactamente lo que va a suceder. No sabría decir en qué momento este blog se ha transformado de uno de moñecos en otro con reflexiones terribles sobre el tránsito de la vida y la levedad del ser, igual es una especie de crisis de los cuarenta anticipada (todavía tengo 36, pero siempre he hecho las cosas antes de tiempo). Dios sabrá.
En todo caso, creo que es una entrada que los colegas del blog y yo apreciaremos, al menos en parte. La ocasión es que Malvador dejará el piso en el que ha vivido de alquiler en los últimos diez años, piso que ha pasado a ser conocido como Port Malvador y en el que hemos vivido muy buenos momentos. Eso merecía una despedida a la altura, y no se nos ocurrió mejor forma de hacerlo que mediante el resurgimiento de antiguos pactos oscuros que volverían a salir a la superficie.








