Saludos a todos, damas y caballeros.
De todas las cosas buenas que ha traído este año, cada vez más cercano a su fin (es acojonante lo rápido que pasa el tiempo) una de ellas ha sido mi reencuentro con Blood Bowl, el que para mí es el mejor juego de GW con diferencia. Nunca lo he dejado de jugar, pues en más de una ocasión hemos hecho torneos o ligas cortas que han traído su propia narrativa, pero ha sido en el ordenador, lo que le quita un poco de gracia. En mesa llevaba unos buenos diez años sin jugar.
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| Imagen de Garry Siauwanda |
Todo eso ha cambiado gracias a Satanic Werewolf, buen amigo tanto de este blog como de El Peón y el Rey, que me proporcionó el placer de volver con él a los terrenos de juego físicos después de tantos años. Mis altos elfos se impusieron en ese primer partido por 2-1, lo que obviamente generó una oportunidad de revancha que los caóticos aprovecharon bien para devolverme el mismo marcador: 2-1 a su favor en el segundo partido. Ante esa tesitura no quedaba más remedio que hacer un partido de desempate, y así, de forma totalmente inesperada, surge lo que podemos considerar un pequeño torneíllo que hemos dado en llamar la I Copa de Karak-Doom dado que los tres partidos los hemos jugado en su casa, y su equipo es el Bestias de Karak-Doom (o Karak-Doom Beasts si queremos ser puristas).


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