miércoles, 2 de septiembre de 2026

La sombra sobre Eastwood: capítulo III

Saludos a todos, damas y caballeros.

Volvemos a la campaña del Dracula´s America, que de hecho terminamos, de forma muy satisfactoria, hace unos pocos días. He podido jugar un total de seis partidas, lo cual está bastante bien, es una más que en la campaña del año pasado. Sin embargo, hasta ahora solo he traído dos (ésta y ésta) y eso es algo que debo remediar.

Imagen de John Bailey

Como os comenté, la campaña estaba dividida en dos partes, tres partidas en el pueblo moderadamente normal de Eastwood y cuatro en el pueblo muy chungo de Ravenous. Jugué la tercera en Eastwood, pero hice pocas fotos y no era propiamente un escenario de campaña, por lo que no la traeré por aquí. En cuanto a la cuarta que jugué, la segunda de Ravenous, Elrudok hizo un informe muy majo que podéis ver aquí. Por tanto, lo que hoy os traigo es la tercera de las partidas en Ravenous.

Las tres primeras partidas de esta parte de la campaña se centraban en conseguir reunir los fragmentos dispersos del Orbe del Yucatán, que puede o no ser el famoso artefacto de los españoles que Obadiah Irving obtuvo temporalmente en la campaña anterior. Este objeto concede grandes poderes a su portador, pero especialmente el vampiro Santana está muy interesado en hacerse con él, pues gracias a él podrá revertir la maldición y dejar de ser un vampiro... incluso si eso supone su muerte. Por ello, y porque su banda es con diferencia la más emputecida, Santana había logrado hacerse con dos de los fragmentos del orbe, y esta tercera partida es la que determinaría si también se hacía con el tercero.

Os dejo pues con la partida narrada. Espero que os guste.

CAPÍTULO III

Incluso para una bruja tan experimentada y despiadada como Anna, que había avanzado más que muchas personas en los tenebrosos senderos de lo oculto, la atmósfera de Ravenous resultaba enervante en grado sumo. Era obvio que aquel pueblo estaba maldito hasta unos niveles que iban mucho más allá de la pura expresión convencional, unos niveles que podrían percibir hasta los torpes practicantes del vudú de la Congregación.

Dudaba de si los Marshalls de Everett Kane lo sentían también, aunque lo más probable es que así fuera. Envueltos en aquel halo de demencia, Kane había forjado una alianza con Santana. Una alianza quizá contra natura, pero que demostraba hasta qué punto las líneas de lo normal y lo correcto se habían difuminado en aquel lugar. La situación tenía que ser desesperada para que un patriota protestante como Kane hubiera decidido que una banda de forajidos mexicanos cuyo líder, además, era un vampiro, era la menos mala de las opciones.

Lo que desde luego no iba a tolerar Kane era la presencia de negros practicantes de vudú en las calles de su país, aunque aquel pueblo perteneciera más al infierno que a los Estados Unidos. Pronto, las dos bandas se enzarzaron en un intenso tiroteo...

En el que los esclavos fugados de la Congregación se llevaron la peor parte. El celo justiciero y la disciplina de los Marshalls era demasiado para ellos.

Anna se alegró de que así fuera. Su banda se encontraba relativamente lejos de la acción, pues tras las últimas derrotas habían decidido ser más precavidos y se habían reunido en el hotel del pueblo, a cierta distancia de la iglesia evangelista que parecía ser el centro del mal de Ravenous. Los disparos sonaban lejanos, pero su alma condenada podía percibir los gritos de agonía con deliciosa claridad. Para cuando se acercaran, era posible que los esclavos y los agentes de la ley ya se hubieran masacrado entre ellos.

Mientras tanto, la secta del señor Plainview se esforzaba por contener los esfuerzos de Santana por acercarse al tercer fragmento del orbe. Anna había trazado una alianza con él, aunque sabía que era un practicante mediocre de las artes arcanas, y no se hacía grandes ilusiones respecto a su capacidad de detener al vampiro. Pero, si conseguía causar algunas bajas y ablandar a la banda de Santana, ya habría sido suficiente.

Lamentablemente, los seres de pesadilla que poblaban Ravenous parecían haber sentido el poderío mágico, si es que se le podía llamar tal cosa, del señor Plainview, y avanzaban hacia su banda como polillas atraídas hacia la luz.

Sin duda, eso iba a complicar las cosas.

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El alma condenada de Santana hervía en un fuego encendido a partes iguales por la furia y la esperanza. Nunca había querido la maldición que había caído sobre él, pero entre las ruinas de aquel desgraciado pueblo se ocultaba su redención, y estaba dispuesto a hacer todo lo posible por encontrarla. Por suerte, su banda se había mantenido fiel incluso aunque se hubiera convertido en una criatura de la noche, y estaba igualmente preparada para devolverle la humanidad que nunca debió perder.

En momentos así, Santana se daba cuenta de que un hombre vale tanto como valieran los compañeros que desearan estar a su lado.

Mientras su banda cubría los accesos a la iglesia y contenía en ella a los horrores demoníacos y los cultistas que pretendían abrirse paso, Santana entró en el edificio. Allí le esperaban dos engendros de su misma naturaleza, dos vampiros que probablemente pertenecían a la progenie del maldito Gerome, quien le había convertido en lo que era.

"Bienvenido, hermano" dijo el más anciano de ellos con una voz tan repulsiva que a Santana se le revolvieron las entrañas.

"No soy vuestro hermano. Nunca lo seré"

Alzó sus revólveres, cargados con balas de plata, y descargó una tormenta sobre las criaturas de la noche.

"Soy vuestro juicio"

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Anna llegó por fin a la calle donde estaba teniendo el duelo más intenso entre los forajidos de Santana y los hombres y bestias del señor Plainview. Mr. Shadow estaba a su lado, lo que siempre le suponía un consuelo en tanto que le permitía reforzar sus habilidades mágicas. El ser demoníaco servía como enlace entre ella y los moradores de más allá del velo, velo que rasgó con relativa facilidad mientras traía de vuelta a la existencia a un ser que nunca debería haber formado parte de ella.

Por otro lado, sus cultistas trabaron contacto con los aguerridos agentes de la ley, quienes habían hecho huir a los esclavos de la Congregación. Sus balas silbaron con el mismo sonido letal, pero los hombres que empuñaban las armas estaban más cansados y, aunque abatieron a algunos miembros de la secta, tuvieron que retroceder.

De pronto, la bruja sintió una oleada de furia procedente de su espalda. Mr. Shadow había percibido algo, y ella también: Santana se había hecho con el tercer fragmento de la reliquia.

"Mantenlos atareados" siseó el demonio. "Iré a por ese vampiro"

Mr. Shadow echó a volar, uno de sus muchos poderes con los que se burlaba de las leyes de la física y la materia. Parecía un ominoso buitre mientras lo hacía, un ave carroñera dispuesta a alimentarse, no de restos, sino de almas. Sin embargo, antes de que pudiera alcanzar su objetivo, una bala brillante como la sonrisa de un niño le alcanzó.


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Santana salió de la iglesia y subió al tejado del edificio vecino, donde uno de sus hombres recargaba un fusil con balas plateadas.

"Gracias, Miguel"

"Lo que haga falta, jefe"

"Tengo el tercer fragmento de la reliquia. Pronto, todo terminará"

"Así lo quiera Dios"

Sin dejar de disparar, los hombres de la banda de Santana se retiraron hacia la seguridad de su refugio.

Pues hasta aquí la partida, que fue muy entretenida y bastante más ajustada que otras. La Congregación sufrió mucho y se desintegró muy rápido, pero las dos sectas demoníacas pudimos presionar con fuerza a la coalición formada por Everett Kane y Santana y, aunque nos llevamos unos cuantos palos, también se los dimos. De hecho, de haber durado un poco más la partida quizá habríamos podido quitarle esa reliquia a Santana, pero hay que reconocer que eso son palabras mayores, porque el socio es capaz de cargarse una banda por su cuenta.

Pronto traeré la última de las partidas y, con ella, un pequeño relato de cierre, que es lo oportuno. Es muy probable que Elrudok publique algo también, así que estad atentos a su blog.

¡Hasta entonces!

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