Saludos a todos, damas y caballeros.
Llevo un tiempo (casi todo el año, en realidad) anticipando que, Dios mediante, habría una nueva campaña del Dracula´s America este verano en Almería. Como la que hicimos el año pasado, pero mejor. Esta campaña efectivamente ya está en marcha y ya nos ha dejado momentos maravillosos, pero hasta ahora no he sido capaz de sentarme a escribir algo decente al respecto. Tengo que acordarme, para el año que viene, de pedir vacaciones en julio, que es cuando los abogados se ponen nerviosos. En agosto hasta el mal descansa.
Por suerte, Elrudok ya hizo una entrada hace unos días presentando la campaña y las bandas que están tomando parte en ella. Como bien se dice ahí, buena parte del mérito recae sobre nuestro colega Joya, que se ha currado una serie de escenarios repartidos entre los pueblos de Eastwood (moderadamente normal) y Ravenous (Weird West a tope). La parte de Eastwood ya está a punto de terminar, y pronto nos meteremos en Ravenouspara hacer el cafre de forma irredenta. Yo he jugado dos partidas, que prometo traer por aquí dentro de poco, pero por de pronto es necesaria esta entrada inicial.
Por de pronto, os dejo con el relato de presentación de esa muchacha que espero que nos dé unas cuantas tardes de gloria e ignominia. Damas y caballeros, bienvenidos a Eastwood (y, si tenéis lo que hay que tener, también a Ravenous).
LA SOMBRA SOBRE EASTWOOD
Archibald Lester II no era ningún incompetente. De haberlo sido, jamás habría llegado a alcanzar la posición que tenía como uno de los más importantes empresarios de la minería del Medio Oeste, un sector donde cada día surgían nuevas oportunidades que solo los más despiertos o despiadados eran capaces de aprovechar. Su visión empresarial y su capacidad de trabajo le convertían en un hombre exitoso, con todos los grandes beneficios que ello conllevaba, pero era consciente de que, para poder disfrutar de esos lujos, tenía que conceder momentos de su vida a actividades puramente tediosas.
Cada semana, cada día incluso, legiones de suplicantes llegaban a las puertas de su mansión a las afueras de Eastwood mendigando favores y atención. Sus secretarios filtraban la mayoría de peticiones, pero aun así era inevitable que tuviera varias reuniones, de las cuales solo una de cada diez acababa teniendo interés. La mayoría eran estafadores o pequeños hombrecillos de negocios desesperados deseando asociarse con el ganador para compartir sus migajas. Pero no podía despreciarlos a todos sin más, pues de vez en cuando, oculto entre el balbuceo y la adulación de los idiotas, aparecía alguien realmente útil. Para Archibald Lester II, aquella actividad se parecía mucho a la minería. Quien no estuviera dispuesto a pasar horas desmenuzando rocas no podría reclamar el tesoro.
En aquella noche de comienzos de verano, solo le quedaba una reunión por celebrar, una que debía ser de las más extrañas que hubiera tenido nunca. La había solicitado una inmigrante rusa que regentaba el principal burdel de Eastwood, un lugar de muy mala fama... mucho peor de la que solían tener los burdeles de por sí. Que Archibald Lester II se hubiera dignado a recibir en su esplendorosa mansión a una mujer que vivía tantos peldaños por debajo de él en la escala social era inaudito, y solo había accedido a ello por la insistencia de su consejero, Mr. Shadow, a quien respetaba enormemente. Él podía ver cosas que los demás no.
Cuando la rusa entró en su despacho, Archibald estuvo a punto de perder el aliento. Como hombre de éxito que era, había disfrutado de la compañía de incontables mujeres, algunas de las cuales habían sido particularmente hermosas. Sin embargo, todas ellas le parecieron polvo y cenizas en cuanto vio entrar a Anna. No solo sus rasgos eran los más bellos que jamás hubiera contemplado, sino que todo en ella, su vestimenta, su forma de moverse, hasta la forma en que llevaba recogido el cabello desprendía un aura de sensualidad avasalladora. Aquella mujer podía conseguir que cualquier hombre quisiera pasar el resto de sus días sirviéndola...
Lo que habría sido un grave error, pues en sus preciosos ojos de color aguamarina reptaban una locura y una crueldad sin límites.
"Le doy la bienvenida a mi humilde mansión, señorita..."
"Grushanskaya. Anna Grushanskaya"
La bruja le tendió la mano. Archibald Lester II no pudo evitar besarla, y sentir la terrible energía que desprendía. Tras él, Mr. Shadow observaba la reunión, sin intervenir.
"Permitid que os llame Anna"
Ella asintió y, antes de que le dijeran nada, tomó asiento. Llevaba a su lado lo que parecía ser una cesta, cuyo propósito, imaginó Archibald, le sería revelado posteriormente.
"Mi nombre, como ya sabe, es Archibald Lester II"
"No. No lo es"
Todavía sin saber si debía sentirse divertido o ultrajado, Archibald dirigió una inquisitiva mirada a su invitada, quien aclaró:
"Usted es el Príncipe Escarlata"
Archibald Lester II sonrió. Era refrescante poder quitarse la máscara de vez en cuando y mostrar al mundo, o a unos pocos elegidos en él, su verdadero rostro.
"Veo que no solo es hermosísima, sino también inteligente. Una combinación de cualidades que puede resultar muy peligrosa. Pero, decidme, ¿cómo ha descubierto mi verdadera identidad?"
"Sabe que regento un burdel. Los hombres hacen cosas terribles allí, pero la peor de todas, con diferencia, es hablar de más"
Anna cogió la cesta y la puso encima del escritorio, frente al Príncipe Escarlata. Éste la abrió. Dentro había dos cabezas cortadas, las cabezas de sus agentes en Eastwood.
A su espalda, Mr. Shadow sonrió, una sonrisa en la que había más dientes de los que debería.
"¿Los ha matado usted?"
Anna hizo un gélido gesto de asentimiento.
"¿Por qué?"
"Para demostrarle que puedo"
"Confío en que esto no sea una amenaza"
"Oh no, todo lo contrario. Es una oferta. Ellos trabajaban para usted, y están muertos, porque eran imbéciles. Lo mejor que puede hacer usted para reemplazarlos es contratar a la persona que los ha asesinado"
El Príncipe Escarlata se echó a reír.
"La verdad es que nunca había recibido una solicitud de empleo tan agresiva... y tan convincente. Cualquier persona con mis... intereses... estaría encantado de tenerla a su lado, se lo garantizo. Pero, debo preguntar: si es usted tan capaz, y me consta que lo es... ¿por qué quiere trabajar para mí? ¿por qué no ir por su cuenta?"
"Solo soy una chica, señor Lester..."
El señor Lester necesitó usar toda su fuerza de voluntad para no caer de rodillas a sus pies cuando la oyó decir eso.
"Conozco mi poder, y conozco sus límites" continuó Anna. "Si algo se me da bien, es sobrevivir. Soy ambiciosa, pero, si actuara por mi cuenta, tarde o temprano mi ambición me llevaría a chocar con su culto. Sé quién es usted, y lo que es más importante, sé quiénes son sus amigos"
Señaló a Mr. Shadow, quien, haciendo honor a su nombre, se mantenía a cierta distancia, apartado de la luz. Fascinado, el Príncipe Escarlata preguntó:
"¿Puede usted ver su auténtica naturaleza?"
"Nadie es capaz de mantener su máscara frente a mí mucho tiempo. Sé bien cómo dominar a los hombres y a las mujeres, pero también tengo talentos para ligar a los de su clase"
"Empiezo a pensar que es usted uno de ellos"
"No, yo soy humana, y por lo tanto soy mucho más cruel"
El Príncipe Escarlata asintió con aprobación. Sin duda, debía ser la reunión más fructífera que había tenido nunca.
"Trabajará usted para mí, Anna. Mr. Shadow ultimará los detalles. Me alegro honestamente de haberla conocido"
Anna se levantó y le ofreció de nuevo la mano, que el Príncipe Escarlata rozó con deleite. Mr. Shadow fue junto a ella y se prepararon para abandonar juntos el despacho, pero, antes de hacerlo, el Príncipe Escarlata dijo:
"Quería preguntarle, Anna... ¿por qué vino a los Estados Unidos"
"Como todos, señor Lester. Buscaba una vida mejor"
"¿Y la ha encontrado?"
Anna rio, y de alguna forma su risa consiguió ser al mismo tiempo lo más encantador y lo más terrorífico que el Príncipe Escarlata había escuchado nunca.
"Oh, sin duda... no en vano, ésta es una tierra de oportunidades, ¿no es así?"
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