miércoles, 12 de agosto de 2026

La sombra sobre Eastwood: capítulo II

Saludos a todos, damas y caballeros.

Poco a poco, la campaña veraniega del Dracula´s America sigue progresando, y poco a poco voy subiendo cosas relacionadas con ella. Ya hemos terminado la parte de precampaña en Eastwood y nos hemos adentrado en las fantasmagóricas calles de Ravenous, y de todo ello iremos dando buena cuenta, aunque como llevo cierto retraso lo que traigo hoy es la segunda de las partidas jugadas en Eastwood.

En este caso hubo una mayor afluencia de bandas, pues aparte de los Marshalls de Fer, a los que pudisteis ver en la entrada anterior, participó el aquelarre vampírico de Elrudok y los esclavos practicantes de vudú de Joya. A los segundos ya los conocéis de la campaña del verano pasado, mientras que en este caso Elrudok está jugando con una banda de mexicanos en la que por motivos narrativos no hay dos vampiros sino solo uno: Tiburcio Santana, un hombre que ha acabado convertido en un chupasangres contra su voluntad y que espera redimirse encontrando una antigua reliquia.

En cuanto al escenario, como todos los que estamos jugando fue diseñado por Joya, y tiene la particularidad de que había varios civiles que poco a poco se iban convirtiendo en pistoleros que podían ser usados por las diferentes facciones. Eso dio lugar a una más que decente cantidad de tiros inesperados por la espalda, que es un elemento esencial de toda buena historia del Oeste. Así que, sin mayor dilación, os dejo con el informe narrado de la partida.

CAPÍTULO II

Anna Grushanskaya no se hacía ilusiones respecto de la naturaleza de sus vecinos en Eastwood. Sabía que la ciudad estaba corrupta hasta el tuétano, y que atraía a toda clase de almas perversas. Había conocido a muchas de ellas en su prostíbulo, hombres retorcidos con deseos corruptos, pero incluso esos eran relativamente inocuos en comparación con lo que de verdad se escabullía entre las sombras, tratando de no llamar la atención hasta que llegara su momento.

Y su momento había llegado.

La venida del Marshall había hecho saltar por los aires el delicado equilibrio entre facciones rivales que hasta ese momento se habían contentado con tramar en la oscuridad y calcular sus fuerzas. Esa tensa calma ya no era una opción, pues, de seguir así, aquel hombre implacable los cazaría a todos uno a uno. E incluso aunque no lo consiguiera, lo cual no era nada fácil, la violencia resultante abriría nuevas oportunidades que solo podrían ser aprovechadas por los más rápidos, como siempre había sucedido en aquella tierra de frontera. Era necesario actuar con premura. Quedarse quieto era quedarse atrás.

"¿Qué puedes ver?" preguntó la bruja.

"El Marshall ha vuelto. Hay tanta furia en su alma... es conmovedor" respondió Mr. Shadow.

Anna asintió. En puridad, no necesitaba de la visión sobrenatural del demonio para ver lo que estaba pasando, pero siempre ofrecía algún detalle interesante.

"Pero no están solos"

"No. Por el norte se acercan también los esclavos fugados. Practicantes de vudú. Hechiceros"

"¿Suficientemente fuertes como para poder desterrarte?"

El demonio no quiso responder, lo que, en cierta forma, era una respuesta.

"Una sombra repta entre las calles" dijo finalmente, cambiando de tema. Su voz tenía un sonido cavernoso, parecía brotar de las entrañas de la tierra como si fuera magma. "Abatidlo. Es una amenaza"

"¿El vampiro?"

"El mismo. Ansía la redención" dijo, pronunciando esa última palabra a duras penas. "Negádsela"

"Así se hará" prometió Anna mientras mandaba a sus secuaces a adentrarse entre las sombras.

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Santana odiaba su nueva naturaleza. Daría todo cuanto poseía, todo cuanto podía llegar a poseer en el futuro, con tal de recuperar su humanidad y dejar atrás la espantosa hambre que lo devoraba. Sin embargo, tenía que reconocer que su enfermedad, pues así es como pensaba en ella, traía algunas ventajas. Una de ellas era que su capacidad de concentración y consciencia del entorno se había multiplicado exponencialmente.

Gracias a eso, fue consciente de la presencia del muchacho mucho antes de verlo. De su presencia, y de su osadía. Corrió hacia él con una velocidad endiablada, que solo tienen los realmente confiados o los irremediablemente desesperados, y vació el tambor de un revólver sobre su pecho.

Santana se tambaleó mientras las balas abrían agujeros en su carne maldita. El dolor fue atroz, pero supo que, pese a todo, no moriría. No sabía si era una bendición o una maldición...

Para él. Para el chico, era claramente una maldición.

"Lo has hecho bien, muchacho" concedió. "Pero te has acercado demasiado"

Ninguno de los que lo escucharon pudieron jamás olvidar el grito que sonó después.

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Había dos saloons destacados en Eastwood, el Diamonds y el Aces & Eigths, situados uno frente a otro en la principal arteria de la ciudad, el cruce de caminos de las vías principales. Era difícil saber cuál era la relación causal, si los saloons se habían situado ahí por ser la vía más transitada, o si se había convertido en la vía más transitada por la presencia de los saloons. Fuera como fuera, era un lugar cuyo dominio era importante para cualquier banda que quisiera hacerse con el control, aunque fuera temporal, de la ciudad. También por ello era donde se estaba produciendo el tiroteo más intenso.

Los esclavos de la Congregación habían tomado posiciones en un granero cercano, aunque parecían extrañamente cautos, como si no supieran bien qué hacer sin los látigos de sus amos. Parte de la razón por la que estaban tan poco dispuestos a pasar a la ofensiva podía ser que los Marshalls habían tomado buenas posiciones defensivas en las azoteas del poblado, y se estaban dedicando a fusilar a todo el que vieran. La consecuencia más útil de saberse moralmente legitimados era que no tenían que discriminar entre sus víctimas, pues todas eran igual de merecedoras de un balazo entre ceja y ceja.

Atrapada entre dos fuegos, Anna no podía avanzar, salvo si recurría a las fuerzas de más allá del velo. Sin embargo, aquello pareció generar un efecto contradictorio en los practicantes del vudú, quienes no solo no se vieron atemorizados por la presencia demoníaca, sino que, de alguna forma, cobraron un salvaje ímpetu al verla. Uno de los esclavos, el más brutal de todos, se abalanzó sobre el demonio blandiendo extraños fetiches como armas y consiguió desterrarlo.

Las desgracias no acabaron ahí, pues Santana surgió de una de las callejuelas. Sus ojos brillaban prometiendo muerte, y su simple presencia heló los corazones de los seguidores mortales de la secta mucho antes de que sus pistolas empezaran a escupir muerte.

Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, Anna consiguió convencer a los sectarios que todavía seguían en pie para que concentraran toda su potencia de fuego en el vampiro. Por suerte, consiguieron abatirlo, aunque la bruja sabía que solo habían conseguido detenerlo durante un breve instante... instante que aprovechó para huir. Habría más oportunidades de derrotar a la bestia en el futuro.

Hasta aquí el relato, muy resumido, de una partida en la que mis cultistas se llevaron la peor parte, enfrentados contra la Congregación y, sobre todo, contra un Santana que estuvo cerca de palmarla, pero era demasiado duro. Tanto es así que acabó ascendiendo a héroe, con lo que se ha convertido en un auténtico peligro. Por contra, tanto la Congregación como yo sufrimos varias heridas graves en nuestros hombres, con un par de ellos quedándose tuertos, cosa que es una gran putada. Por su parte, los Marshalls de Fer pudieron contener eficazmente a todos los que se le acercaron tras tomar posiciones en torno a la oficina del sheriff (lógicamente) por lo que no sufrieron graves daños.

Por el momento, los planes no están saliendo muy bien para Anna, aunque haber conseguido resistir moderadamente ante Santana es una victoria en sí misma. Veremos si a la próxima consigue resultados más tangibles, antes de que sus patrones empiecen a ponerse nerviosos con ella...

¡Hasta entonces!

1 comentario:

  1. Qué bueno!!! De todas las bandas, hasta ahora, yo voy con Santana. Deberías apoyarle con un mariachi, o con 'El Mariachi' un abrazo

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