miércoles, 19 de abril de 2023

[Informe de batalla] Manada de lobos (I)

Saludos a todos, damas y caballeros.

Comenzamos con "La Cruz de Plata", la campaña de The Silver Bayonet para jugar solo y que voy a ir trayendo al blog. Es una campaña bastante más corta que la de Exploradores de las Profundidades Sombrías, apenas tiene cuatro escenarios, lo que imagino que se debe a que, contrariamente a lo que sucede con EDLPS, The Silver Bayonet está pensado para jugarse en competitivo esencialmente. La verdad es que para eso tiene muy buena pinta, a ver qué tal se da en solitario/cooperativo.

Imagen de WolfRoad

El juego es un juego de McCullough. Todos se parecen, y eso es buena cosa cuando las mecánicas son buenas, que las son en su sencillez. A partir de ahí, es bueno poder jugar en varias ambientaciones diferentes usando lo que viene a ser el mismo reglamento en un 90%. The Silver Bayonet tiene alguna variación, como usar dos dados de 10 en lugar de 1D20 para las tiradas. Una crítica que algunos han hecho a sus juegos es que con 1D20 hay mucha aleatoriedad, cosa que para mí no es mala, pero bueno. También ha cambiado el nombre a los atributos que tradicionalmente usa, aunque representan la misma cosa. En resumen, si sabes jugar a cualquier juego de McCullough, sabes jugar a The Silver Bayonet.

Entrando ya en materia, para este primer escenario la Hermandad de la Misericordia tiene que abrirse paso hacia la capilla donde encontrarán la cruz de plata a través de un bosque que, como buen bosque siniestro, está lleno de lobos. Y de cosas peores. Voy a dividir el informe en dos entradas porque he pensado que, para que sea una auténtica batalla propia del género de terror gótico en que se encuadra el juego, lo suyo es que intercale narración y descripción. Narración además en primera persona, no sé muy bien por qué pero la primera persona es ampliamente usada en muchas de las obras de terror, véase Lovecraft, William Hope Hodgson o muchos relatos del que sin duda es el mejor, M. R. James. Por tanto, y con el objetivo de que esto no sea más largo que una noche sin pan perseguido por una manada de lobos, lo divido en dos entradas.


Al poco de llegar a la tierra siniestra de Transilvania, nos pusimos en marcha para recuperar la reliquia que los Báthory católicos nos habían pedido encontrar. No había tiempo que perder: en la lucha contra la Oscuridad, nuestros enemigos no descansan, y tampoco podemos hacerlo nosotros. Así, liderados por Lajos Marai, nos adentramos en la penumbra para encontrar la cruz de plata.

La noche es el dominio del adversario, y por eso nunca caminamos tras la puesta de sol salvo que sea absolutamente imprescindible. Sin embargo, el bosque por el que avanzábamos era tan espeso que parecía que nos encontráramos en mitad de la madrugada, y el sentimiento de opresión en el alma era abrumador. Incluso un lego en la guerra espiritual podría haber entendido que la foresta escondía un siniestro secreto, y que los siervos del Maligno se refugiaban en aisladas grutas en aquella maleza. Creo que todos habíamos asumido que un encontronazo con las fuerzas del Mal iba a ser inevitable.

Al llegar a un recodo en el camino, pudimos ver una estatua particularmente inquietante. Representaba a la muerte, y acaso fuera por lo sombrío del ambiente o por la impía habilidad del artista que la tallara, sus rasgos y su pétrea mirada me helaron la sangre. El hecho de que en torno a ella hubiera varias calaveras humanas no ayudó a mejorar la sensación de inquietud. 

Mientras la observaba con una fascinación nacida del terror, un aullido espectral hizo que sintiera un escalofrío. El resto de mis compañeros también lo escucharon, pues instintivamente nos situamos todos en círculo.

"¿Son lobos?" pregunté

"Ojalá solo sea eso", me respondió nuestro explorador.

Turno 1

Efectivamente, no tardé en divisar un gigantesco lobo, negro como el pecado, avanzando hacia nosotros. Apunté contra él con el arcabuz y disparé, elevando una plegaria a San Miguel, el Príncipe de la Milicia Celeste.

La cosa empezó con un disparo de arcabuz de Marco Pescara sobre un lobo que se le acercaba con intenciones aviesas. El disparo fue bueno, y el lobo cayó abatido a la primera.

Animado por su éxito, mi oficial y el espadachín trataron de repetir la jugada con sus pistolas, pero no consiguieron hacer ningún daño a los lobos... quienes, en su turno, les cargaron.

El combate entre el lobo y el espadachín fue nulo, pues ninguno hizo nada al otro, pero en el combate entre mi oficial y el bicho sí que hubo sangre: aunque el lobo fue abatido, eso le costó casi la mitad de la vida a Rodrigo Velázquez.

De pronto, la ominosa quietud del bosque se vio reemplazada por una algarabía de disparos, oraciones, gritos y aullidos. Aquellos no eran lobos normales, eso lo podíamos ver todos. Sin embargo, por encima de toda esa cacofonía se alzó un rugido ensordecedor, el heraldo de un monstruo infernal.

"Eso ya no es un lobo", dijo Lajos.

Efectivamente, resultó que uno de los lobos no era tal, sino un auténtico licántropo... nos íbamos a divertir.

En la fase del resto de mis soldados, Konrad Von Weizsäcker estuvo a punto de cargarse uno de los lobos, dejándolo con apenas un punto de vida...

Mientras que Fray Castanho hizo un milagro y curó 3 puntos de salud a Rodrigo Velázquez, aunque tuvo que sacrificar un punto de vida propio para ello. Además, Lajos Marai, el explorador, disparó sobre el lobo que se acercaba, pero no acertó el tiro.

Turno 2

Las bestias infernales seguían acechándonos y cayendo sobre nosotros, pero las recibíamos con Fe y acero. La figura de Rodrigo Velázquez, el monje con armadura, destacaba como una llama en a oscuridad. Su visión nos reconfortaba y nos empujaba a seguir combatiendo, pues era como un faro ante un mar embravecido que jamás lograría doblegarlo.

"¡Luchad, hermanos!" gritaba con ferocidad. "¡Somos los soldados del Cielo!"

Para el segundo turno comencé activando a los colegas cuyos combates quedaban pendientes. Así, el espadachín repitió la jugada de su compañero alabardero y dejó al lobo vivo con una sola herida...

El alabardero suabo mató al lobo...

Y mi oficial atacó a otro que estaba cerca y se lo cargó también.

García de Paredes terminó de acuchillar a uno de los lobos que le hostigaban, lanzando su quebrado cuerpo contra un charco cercano. Un poco más allá, divisó al licántropo abalanzándose contra él. Pude ver perfectamente su rostro y me impresionó su total carencia de miedo cuando levantó la espada y lo desafió, sin mediar palabra.

Bueno, la cosa no iba mal, aunque se iba a complicar. En la fase de los monstruos, el lobo malherido terminó de morir a manos de García de Paredes, el espadachín, pero se le echó otro lobo encima (no se hicieron daño) y el hombre lobo se acercó peligrosamente.

Además de eso, un lobo cargó contra Marco Pescara y, aunque el napolitano consiguió matarlo de un buen tajo, se quedó temblando, casi moribundo.

Posteriormente, el explorador cargó para ayudar al espadachín, pero no consiguió hacerle nada al lobo, y el fraile intentó curar un poco a Marco, pero fracasó.

Al menos, Marco consiguió investigar la primera pista, y le salió una medalla bendita que hacía que sus ataques contaran como realizados con plata. En The Silver Bayonet hay muchos monstruos que son total o parcialmente inmunes al daño que no proceda de armas con características concretas, como armas de plata, benditas, fuego... El hombre lobo tiene una gran capacidad de aguante pero la plata, como era de esperar, le impide aplicar esa reducción de daño, por lo que me iba a venir muy bien.

Finalmente, un nuevo lobo se unió a la fiesta cerca de donde ya estaba el hombre lobo, añadiendo presión ahí.

Turno 3

Inspirado por el poder de la medalla que había encontrado, apunté contra el hombre lobo y disparé. La bala acertó de lleno en su costado, causándole una gran herida, aunque eso no sirvió para detener a la bestia.

Marco Pescara le soltó un arcabuzazo al hombre lobo según se acercaba, mientras que García de Paredes intentaba infructuosamente cargarse al lobo con el que estaba trabado y el alabardero se movía cerca para ayudar. Finalmente, el licántropo cargó contra el espadachín y ambos acabaron medio muertos.

Por suerte, el explorador remató después al lobo que todavía formaba parte de ese combate, aliviando un poco la presión.

Fray Castanho intentó de nuevo curar, en este caso al espadachín, pero de nuevo falló en el intento...

Y, para rematar la faena, aparecieron todavía más lobos.

La mayoría de nosotros estábamos heridos, aunque nuestro espíritu se mantenía inquebrantable ante la prueba a la que estábamos siendo sometidos. Sin embargo, aquellos condenados siervos del Mal no parecían arredrarse frente a nuestra resistencia, y, al contrario, atacaban con mayor fiereza si cabe. Sin duda se hallaban determinados a impedir que siguiéramos avanzando por el bosque, lo que solo servía para confirmar que nos encontrábamos en el buen camino.

Voy más o menos por la mitad, así que lo dejo aquí para no saturar esto. En dos o tres días seguiré con la parte final de la partida.

¡Hasta entonces!

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