martes, 14 de septiembre de 2021

La huida de Chantal

Saludos a todos, damas y caballeros.

El relato que hoy os traigo es consecuencia directa de los acontecimientos del Verano de las Bestias, pero en cierta forma es también algo más. Una especie de "fin de temporada" y comienzo de la siguiente, cerrando lo que ha sido hasta ahora la participación de mis no muertos en las Regiones Devastadas y comenzando otra participación diferente. Todo esto lo entenderéis en el relato, y en todo caso pondré también los enlaces y fotos que sean necesarios en el mismo para que se vaya entendiendo cuál es mi intención.

Imagen de Martina Fackova

En esencia, Chantal abandona las Regiones Devastadas, en parte porque narrativamente es una chica con un muelle en el culo y en parte para dar hueco a otras facciones y proyectos narrativos por mi parte. Tal es el caso, fundamentalmente, de los imperiales, cuya justificación trasfóndica ya mostré en las entradas del Camino Imperial. Tengo intención de centrarme muy a tope en los imperiales de ahora en adelante, y los demás ejércitos pasarán a tener un papel más secundario. Lo cual no quiere decir que vaya a dejar de usar a los no muertos, pero ellos van a tener... otros planes.

En todo caso, os dejo con el relato. Espero que os guste.

LA HUIDA DE CHANTAL

Aun no había comenzado el otoño en las Regiones Devastadas, pero las primeras lluvias comenzaban a caer, lánguidas, tristes, anticipando los anocheceres tempranos y las hojas amarillas, las primeras de las cuales comenzaban ya a caer bajo el golpe de vientos cada vez más frescos. En días así, Puerto Gris hacía honor a su nombre de forma especial, pues su habitual carácter plomizo y oscuro dejaba de ser una excepción propia del lugar y quedaba acompañado por el clima y el entorno exterior.

A Chantal le gustaban esos días. Le gustaba disfrutar de los pocos instantes en que el olor a sal y humedad del mar se mezclaba con el de la tierra regada por aquellas lluvias. Para ella, ese era uno de los múltiples perfumes de la muerte. Sabía que con el otoño llegaba el terror a las vidas de los humanos: el mayor frío y las menores horas de sol favorecían la propagación de enfermedades, y con ellas, el fin de las vidas y las esperanzas. Sus poderes, como los de todos los nigromantes, se veían favorecidos por el mayor número de fallecimientos en las estaciones frías, mientras que el renacer de las estaciones cálidas frenaba el viento de Shyish y, en consecuencia, debilitaba la práctica de la nigromancia. Cuanto más avanzara el otoño, más crecería el poder de la bruja y de sus acólitas.

Sin embargo, en ese otoño no serían las Regiones Devastadas quienes tuvieran que preocuparse por ella.

Chantal, Beatrice, Sveta, Carol y Nadia se encontraban en los muelles de Puerto Gris, a punto de subir al Invisible, el barco de contrabandistas que llevaría a las cinco brujas hasta Miragliano. Sveta había contratado el navío, pues se había convertido, en apenas un año, en la gobernante en la sombra de Puerto Gris, y cualquier pirata, contrabandista o criminal de cualquier clase sabía que su vida y su negocio estaban en las manos de la bella kislevita. Los que se habían opuesto a ella todavía podían verse caminando por la noche cerca de los muelles, convertidos en zombis, inocuos gracias a la extrema descomposición de sus cuerpos. Puerto Gris les pertenecía, y Chantal tenía la certeza de que ni el capitán del Invisible ni ninguno de sus hombres se atreverían a ponerles las manos encima por muy tentados que pudieran sentirse. No tendría que matarlos para defenderse. Lo cual no significaba que no los pudiera matar igual, claro, pero no sería por necesidad.

El control que el Culto de la Carne Inmortal ejercía sobre Puerto Gris era suficientemente férreo como para soportar la partida de Chantal y sus amantes. Porque, efectivamente, Chantal había tomado la decisión de abandonar el lugar. Había llegado a él guiada por el Ulth Kanopesh y se había quedado más tiempo del que esperaba, pero, en todo caso, había sido más que suficiente. En parte, su salida de las Regiones Devastadas se debía a que ella era de natural viajera, incapaz de permanecer en el mismo sitio demasiado tiempo. Quizá tuviera algo de sangre estrígana después de todo, como siempre había sospechado. Además, debía poner a salvo lo ganado en la campaña contra los bretonianos de la zona: no se había hecho con el control total del Ulth Kanopesh, pero tenía lo suficiente como para poder plantearse un nuevo intento por otras vías, en otro momento. Al fin y al cabo, ella siempre tenía una ventaja enorme frente al resto de humanos: el tiempo corría a su favor, y no en su contra.

Al menos, esas eran las razones que había transmitido a sus dos seguidoras más recientes, Carol y Nadia. Había conocido a Carol cinco años atrás en Remas, haciéndose pasar por una institutriz imperial. Ya había usado esa táctica varias veces para poder seducir a las hijas de la nobleza en circunstancias favorables, pero en Carol había visto algo que no había visto en ninguna otra chica a la que sus padres imprudentemente hubieran permitido acceso, y era una crueldad y una determinación sin límites. Chantal había adoptado a Carol, siendo la primera fuera de su camarilla original de Mordheim, y le había enseñado el arte de la nigromancia al tiempo que disfrutaba tanto de su voluptuosidad física como de su inagotable y enfermizo sadismo. Sin embargo, Chantal sabía que tenía que andarse con cuidado con la tileana, pues no dejaba de ser una noble caprichosa poco inclinada a seguir a su maestra, quien no dejaba de ser una campesina. Carol se sentía tan excitada por el placer prohibido que Chantal representaba que la imperial sabía que podía contar con su sumisión, pero esta era más endeble que en el caso de las demás.

En cuanto a Nadia, se trataba de una chica de veintidós años a la que Chantal había rescatado hacia apenas dos en su tierra natal de Ostermark, en una de las raras incursiones que había hecho en el Imperio después de su huida de Mordheim, veinte años atrás. Nadia era preciosa, una chica alegre, pizpireta, dotada naturalmente para el manejo de Shyish, e irremediablemente loca. Chantal sabía que ninguna de las cinco brujas que formaban la cúpula del Culto de la Carne Inmortal, contándose a sí misma, eran un ejemplo de cordura, pero el contacto de Nadia con la realidad estaba totalmente roto. Por eso, tanto a ella como a Carol prefería ocultarle ciertas cosas.

Como el hecho de que, en realidad, lo que estaba haciendo era huir de las Regiones Devastadas. El despertar de un dragón en la zona nunca era una buena cosa, pero Arardogat era un dragón carmín, un monstruo con una afinidad especial con el viento de Shyish, y eso tenía dos implicaciones. La moderadamente buena es que Chantal podría acabar dominándolo como había hecho con otras criaturas ligadas al Viento de la Muerte, pero pese a todo lo loca que pudiera estar, Chantal era suficientemente realista como para saber que todavía no tenía suficiente poder como para dominar a un dragón. Es más, Arardogat sabía esto y por eso había querido matarla en la batalla librada en torno al icono del Caos. Al final había sido Arardogat quien había resultado herido, pero eso solo haría que aumentara su determinación de matar a la bruja, y de todos los enemigos que Chantal había hecho en su corta pero intensa carrera hasta el momento, un dragón era seguramente el menos deseable.

Imagen de CaraidArt

La implicación negativa era que, si Arardogat se había despertado de su letargo, era porque Shyish estaba en ascenso. Eso podría deberse a la campaña por obtener el Ulth Kanopesh, pero podía deberse también, y eso es a lo que Chantal temía, al ascenso de los Von Carstein.

Cuando estuvo en el Imperio, dos años antes, la guerra parecía haber terminado, y Vlad Von Carstein parecía haber sido derrotado. La nigromante necesitaba estar segura de que aquella vez sería la definitiva, pues habían sido muchas las veces en que el ejército de Vlad parecía estar derrotado, incluso en que mataban al propio Vlad, y aun así volvía de entre los muertos. Estando en Ostermark, cerca de las ruinas de Mordheim, no solo había encontrado y reclutado a Nadia sino que había comprendido que el Imperio libraba una guerra desesperada: el poder de Vlad era incomensurable, su dominio de la nigromancia era supremo, y sus compatriotas no hacían más que resistir contra una marea interminable que tarde o temprano los ahogaría a todos.

Chantal temía a los vampiros, por lo que había huido procurando no ser atrapada por los agentes de los Von Carstein y obligada a servir como nigromante en sus ejércitos. Por eso había procurado también hacerse con el Ulth Kanopesh, para tener un arma con la que enfrentarse a los señores de Sylvania o, en su defecto, con la que poder negociar su libertad. En todo caso, Chantal estaba cada vez más convencida de que el poder de los Von Carstein no iba a hacer sino aumentar, y el despertar de Arardogat era para ella una prueba más de esto. Por si fuera poco, sus compatriotas imperiales estaban terminando la construcción de la Fortaleza de la Luz Perpetua en las Regiones Devastadas, en lo que esperaban que fuera el último paso de una monumental obra logística destinada a llevar soldados desde Estalia y Tilea hasta el Imperio para enfrentarse a los Von Carstein. Algo que, según pensaba Chantal, simplemente significaba que tarde o temprano los mismos Von Carstein aparecerían por las Regiones Devastadas. Y no quería estar allí cuando llegara el momento.

Un Von Carstein dispuesto a aparecer por las Regiones Devastadas

Estos temores no se los había transmitido a Carol ni a Nadia. Tampoco a las dos hermanas que se encontraban para despedir a la bruja y sus amantes en el muelle de Puerto Gris, y que serían sus herederas en la zona.

En su búsqueda de mujeres hermosas con las que satisfacer los perversos impulsos de su señora, Sveta había conocido a las hermanas Danica y Alana, dos hermosas mujeres de cabello oscuro, tez morena y negra alma. Lo curioso respecto a Danica es que circulaba en torno a ella la historia de que había obtenido refugio en Puerto Gris después de que una turba de vecinos de Las Ocho Villas de Plata hubiera tratado, sin éxito, de quemarla. Aquello intrigó a Sveta y descubrió que Danica tenía una afinidad natural con el viento de Aqshy, motivo por el que el fuego había reconocido a la impúdica mujer como su maestra y no como su víctima. Siendo una hechicera natural, Sveta no tardó en enseñarle la suficiente nigromancia como para convertirla en una nigromante capaz. Alana, por su parte, carecía de talento innato para la magia, pero su carácter cruel y vengativo hizo que no fuera demasiado difícil enseñarle unos cuantos maleficios básicos de puro Dhar, similares a los que la propia Sveta manejaba con gran talento. Así, las hermanas renacieron como Danica la Impura y Alana la Oscura, las dos hechiceras que serían las representantes de Chantal y de su Culto en la zona mientras ella estuviera alejada.

Danica la Impura. ¿Que cuánto me gasto en Reaper al año? Mejor no saberlo

Cuando todas sus amantes hubieron subido al Invisible, y los cofres y jaulas transportando espíritus y criaturas abominables estuvieron a bordo del condenado navío, Chantal se dirigió a las hermanas, besó en la boca a cada una de ellas, y les encomendó:

“Guardad mi dominio. No tardaré en volver a por él”

“Así lo haremos, mi señora”, respondió Danica entre jadeos, extasiada ante el beso de su maestra.

Chantal miró en sus ojos y disfrutó de la adoración que encontró en ellos. Eso estaba bien: al fin y al cabo, las estaba dejando al mando de una situación de la que ella estaba huyendo. Necesitarían esa adoración hacia su persona para no darse cuenta de que aquella preciosa bruja imperial a la que habían dedicado su vida no las estaba salvando ni exaltando, sino que las estaba sacrificando.

2 comentarios:

  1. ¡Gran cierre de capítulo! Ha sido una temporada intensa en las Regiones Devastadas, parece que los ejércitos han aprovechado el verano para montar sus campañas. Ahora se cierne el frío invierno y todos en la zona se reorganizan para el siguiente conflicto a gran escala, que sin duda llegará pronto.

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    1. ¡Muchas gracias! Así es. Sin olvidar que todavía tengo que enseñar un par de cosas de nigromancia a tus bretonianos, claro...

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