domingo, 7 de agosto de 2022

Un pacto en la oscuridad

Muy buenas a todos.

Llevo bastante tiempo ausente del blog por motivos de la vida real, pero afortunadamente para el Troglablog Soter es incombustible y mantiene esto en pie. De hecho es probable que el 95% de todo el contenido de este año sea suyo (e incluso me quede corto y sea más). En cualquier caso, de vez en cuando puedo sacar algún ratillo para aligerarle la carga, y eso es lo que voy a hacer hoy.

Como sabéis, tenemos en marcha una campaña en las Tierras del Sur, que si bien avanza lenta (como tantas otras cosas) procuramos que siga adelante. De hecho esta misma tarde tengo pendiente una partida con Sedeño, en la que mis ejércitos de Áncrama tratarán de derrotar a sus cruzados invasores. Le tengo alguna sorpresita guardada, aunque imagino que él a mí también, y lo podréis ver en el informe de batalla que cuento con hacer y publicar a lo largo de la semana que viene.

Por lo pronto hoy os traigo un relato introductorio a esa batalla. Sabiendo que me las iba a ver con muchos muchísimos caballeros blindados, dentro de la enorme flexibilidad de tropas que permite desplegar el Caos (si bien sus roles suelen ser muy similares entre sí) pensé en incluir una unidad de trolls. Los trolls, ya lo  he dicho en alguna otra entrada, siempre me han parecido una tropa graciosa, porque lo mismo lían una buena escabechina gracias a su elevada fuerza y vómitos, que no hacen nada en toda la partida por culpa de su estupidez. Estupidez que generalmente fallan en el momento más importante. Y para mí sólo con eso ya queda justificada su presencia en el tablero. Pero claro, narrativamente en la ciudad de Áncrama conviven humanos con esclavos hombres bestia y algún que otro demonio cuando son invocados. Incluso puedo justificar la presencia de algún monstruo ocasional (como la mantícora que le pienso colar hoy a los hombres de Sir Sedentor juasjuas), pero una unidad de trolls queda un poco fuera de lugar. Y es por eso que he hecho este relato, para darle una razón a su presencia, además de servirme para continuar con la narrativa de Antanaer, uno de los generales del ejército de Áncrama que ya comencé en este relato. Espero que os guste.



Un pacto en la oscuridad

Antanaer tomó la antorcha que le ofrecía uno de sus hombres y se adentró con ellos en la cueva. Le acompañaban una pequeña escolta de tres guerreros Talak, la élite de Áncrama. Entrar con menos habría sido arriesgado, pero hacerlo con más habría hecho que Angala los considerara una amenaza. Pese a su sangre fría y autocontrol no pudo evitar una ligera sensación de inquietud según caminaba, aunque bien visto eso era algo positivo. Significaba que su instinto de preservación seguía funcionando, y que éste consideraba que ni internarse en la guarida de una bruja ni tampoco en la de un troll era algo recomendable. Y menos todavía cuando se trataba de las dos cosas a la vez. Pero Antanaer tenía que hacerlo porque necesitaba aliados.

En los últimos meses varios grupos de bandidos habían estado merodeando al sur del Gran Desierto de Arena, perturbando el comercio de la región. Un destacamento se había enviado a las Colinas de la Vida a fin de eliminar la amenaza que suponía un grupo de ogros allí asentados. Pero también había habido informes sobre un grupo de jinetes cerca del Desfiladero de Orshöin, y era allí donde Antanaer se encontraba. Inicialmente había dado por hecho que se trataría de alguna banda de salteadores árabes, habituados a realizar emboscadas a las caravanas y huir al interior del desierto o a las montañas antes de sufrir ninguna represalia. Pero el grupo de exploradores glorok[1] que había mandado de avanzadilla había traído información preocupante. La fuerza que habían divisado acampada en los desfiladeros se componía de un grupo numeroso de jinetes pesados, probablemente caballeros norteños procedentes de la ciudad de Antoch. Aunque Antanaer confiaba en todos sus soldados (o por lo menos en sus soldados humanos) y sabía que podrían aguantar el embate de una carga de caballería, la inferioridad numérica en la que se encontraba era un factor demasiado condicionante. Y por ese motivo se había adentrado en la cueva de una bruja troll.

Aunque el general nunca antes había tratado con ella, Angala Uñanegra había colaborado otras veces con los guerreros de Áncrama. Ella y sus hijos habían marchado junto a las falanges de guerreros unthuk y de esclavos shulum[2] en varias ocasiones, siempre a cambio de un pago. Se preguntaba qué pediría por su ayuda en esta ocasión, si es que llegaba a aceptar.

La temperatura de la cueva era agradable teniendo en cuenta el sol que lucía en el exterior, y la humedad contribuía a otorgar una sensación de frescura. El pasaje que estaba transitando se volvía más estrecho en ocasiones aunque siempre con anchura suficiente como para que pudieran cruzarlo simultáneamente al menos dos personas, hasta que de improviso comenzó a ensancharse rápidamente. Finalmente, los soldados desembocaron en una sala subterránea de grandes dimensiones. A excepción de un pequeño fuego en uno de los extremos que solamente alcanzaba a iluminar las zonas más cercanas, el resto de la cueva permanecía en absoluta oscuridad. Pero no en absoluto silencio. Además del discreto crepitar de las llamas o del ocasional goteo de agua, entre las sombras se oían otros pequeños sonidos, como si de vez en cuando algo estuviera reptando o deslizándose entre las rocas, o incluso masticando algo. A su izquierda uno de sus hombres creyó oír el sonido de una respiración cercana, pero cuando el guerrero acercó la antorcha con el hacha preparada para golpear, allí no había nada.

No fue hasta que llegó a la hoguera cuando por fin la vio. Angala se encontraba a dos metros de distancia, sentada y apoyada contra la pared de la cueva, tan quieta y con una piel tan oscura que en la penumbra Antanaer la había tomado inicialmente por una roca enorme. Pero sus ojos abiertos lo habían estado mirando fijamente todo el tiempo desde que él y sus soldados entraron en la sala. Su mirada calculadora no transmitió tranquilidad al general.

“Saludos Angala. Mi nombre es Antanaer y hablo en nombre de la ciudad de Áncrama.”

La bruja troll se mantuvo quieta, sin mostrar signos de haberlo escuchado, más allá de seguir mirándolo fijamente con sus ojos inquisitivos.

El general sabía que los trolls no destacaban por su inteligencia, y que muy pocos de ellos podían comunicarse en la Lengua Oscura, pero estaba seguro de que Angala le había entendido perfectamente. Una idea perturbadora le vino a la mente, que hizo que instintivamente se llevara la mano a la empuñadura de la espada. La bruja estaba valorando si los cuatro intrusos que se habían adentrado en su guarida podían o no ser comida fácil. Bien, Antanaer no tenía ninguna intención de serlo, y estaba dispuesto a demostrárselo. Por ello continuó hablando mostrando la tranquilidad y seguridad de alguien que se sabe completamente a salvo.

“Te ofrezco una nueva colaboración a ti y a tu prole. Acompañadnos y apoyadnos una vez más contra nuestros enemigos y Áncrama os recompensará.”

De nuevo ningún gesto por parte de la bruja dio a entender que le hubiera comprendido, sólo la misma mirada inquietante.

Antanaer estaba considerando dar por fracasado el encuentro y salir de la cueva cuando la cabeza de Angala se movió, y con ella el resto del cuerpo. La troll se irguió en toda su altura y, aunque los guerreros de Áncrama eran altos, ésta los superaba por algunas varas. Dos de sus hombres desenvainaron por instinto las espadas mientras que el resto permanecían alerta atentos a cómo se desarrollaban los acontecimientos. Finalmente la bruja habló, y lo hizo con una voz tan gutural que el mero hecho de oírla producía molestias en los oídos.

“Nosotros acompañar. Nosotros derrotar enemigos. Vosotros pagar. Bruja enemiga para Angala. Soldados enemigos para sus hijos. Caballos enemigos para Angala y para sus hijos.”

Era una oferta muy buena, sin duda. Antanaer no había marchado hasta allí dirigiendo una expedición de saqueo, sino de contención, por lo que entre sus objetivos no estaba volver a Áncrama con un gran botín más allá del que pudiera conseguir en la batalla. Se preguntaba cómo sabía la bruja que entre los enemigos se encontraba una hechicera, pero intuía que se debía a algún tipo de percepción mágica. Ceder a Angala todos los prisioneros que pudieran hacer no era un gran precio a pagar si eso le garantizaba expulsar a los invasores. Los caballos en cambio sí eran algo más difícil a lo que renunciar, ya que los corceles de Antoch provenían de tierras situadas más al norte de Arabia y eran conocidos por su excepcional resistencia. Que su destino fuera acabar en las tripas de un grupo de trolls era un auténtico desperdicio, pero con todo era algo que el general estaba dispuesto a aceptar. Además Angala no había dicho nada sobre el resto del botín y Antanaer confiaba en que entre las armas y armaduras y el resto de pertrechos del campamento hubiera varios objetos de valor.

“Hecho. Sh’alaban es testigo de este pacto, y que su golpe mortal caiga sobre el que lo rompa” concluyó Antanaer, recitando la fórmula clásica de Áncrama. No es que contara con que la bruja le diera mucha importancia a esos formalismos, pero sí sabía que reconocía el poder del dios.

El oficial se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida de la cueva, seguido por sus soldados. No miró atrás a ver qué hacía Angala pero confiaba en que pronto llamaría a su prole. Sólo le llevó unos instantes descubrirlo. En cuanto alcanzó la entrada de la galería por la que había llegado a la sala oyó a Angala proferir unos sonidos guturales. Y como respuesta, varias voces se alzaron en la oscuridad de la caverna, algunas mucho más próximas a Antanaer de lo que a éste le habría gustado.



[1] Un tipo de criaturas similares a los ungors del Viejo Mundo.

[2] En este caso se trata de criaturas parecidas a los gors pero de aspecto más bovino que caprino, lo que en algunas zonas se conoce como bovigors.

2 comentarios:

  1. Bueno bueno, lo importante no es la cantidad sino la calidad, y relatos como este lo cumplen con creces.

    La verdad es que a Antanaer le gustan las emociones fuertes. Antes también trataba con una bruja, pero al menos era humana (¿medio demonio?) y estaba tó buena. Ahora no solo es una bruja sino que es una bruja troll...

    Miedo me da pensar qué pueda ser lo siguiente xD. Pero la narrativa de Áncrama está quedando muy molona, ciertamente.

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    1. ¡Muchas gracias!
      Sí, la verdad es que a Antanaer le va el riesgo. Supongo que tendrá algo que ver con haberse acostumbrado a vivir en una ciudad endemoniada en la que puedes encontrar experiencias intensas tras cada esquina. xD

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