Saludos a todos, damas y caballeros.
Me doy cuenta de que, últimamente, mis publicaciones en el blog van por rachas de monomanía. Cosa que siempre he procurado evitar, pues soy un firme creyente en la poligamia miniaturil, pero a veces se cruzan cosas tan buenas que vale la pena dedicarles un poco más de tiempo. Tal sucedió con la campaña veraniega del Dracula´s America (y probablemente volverá a suceder este verano, si los augurios son correctos) y está sucediendo en este interminable y frío invierno con el pobre Leopold Wallenstein.
Hace unos días publiqué el informe de batalla de su intento de rescate. La cosa salió muy mal, y al menos por el momento, y quién sabe si para siempre, Leopold Wallenstein ha desaparecido de nuestras vidas. Nunca me han gustado los escudos de guion, y aunque no tengo necesidad de matarlo en este momento (ni capacidad, pues está en manos de Sir Sedentor) no quiero tener personajes que sobrevivan siempre a las circunstancias más improbables. Además, esto me da una buena excusa para llevar el Imperio por caminos que siempre he querido explorar, así que no hay mal que por bien no venga.
Este relato sirve precisamente como bisagra entre ese Imperio antiguo y el nuevo, el pasado y el futuro de los Wallenstein. Pase lo que pase, siempre habrá un Wallenstein cuyas hazañas y desventuras contar. Esperemos que al nuevo heredero que comienza su andadura le vaya mejor.
Wallenstein ha muerto. Larga vida a Wallenstein.
"Su alteza imperial,
Mi señor, el conde Marius Leitdorf de Averland, me ha ordenado que escriba y os envíe este relato sobre las recientes desventuras de los Wallenstein y el efecto que pueden tener en la estabilidad del Condado.
Como sin duda sabéis, los Wallenstein son una de las principales familias de Averland. Pertenecen a la nobleza rural y poseen extensas tierras de pastoreo y cultivo, principalmente de viñas, situadas en la parte sur del Condado, bordeando el Reik. También disponen de tierras en Wissenland, donde viven algunos miembros de la familia, aunque son comparativamente menos extensas y fértiles. Además de esto, los Wallenstein destacan por ser adoradores de la diosa Myrmidia, razón por la cual son duchos en el arte de la guerra y siempre están prestos a formar parte de los ejércitos de Averland. Es también por ello que hay ramas de la familia establecidas en Estalia y Tilea, donde el culto a la diosa es más fuerte y donde también disponen de amplias riquezas, en especial la rama tileana.
Esta dispersión de la familia se produjo tras la pérdida del Condado de Solland, de donde era originaria. Pocos siglos antes se habían convertido al culto de Myrmidia, y al perder su hogar ancestral, aunque la mayoría se asentó en Averland, unos pocos decidieron emigrar a Estalia y Tilea, donde han prosperado desde entonces, convirtiéndose también en familias prominentes en estos territorios. Pese a todo, los Wallenstein estalianos y tileanos siempre han profesado lealtad al Imperio y han estado dispuestos a defender los intereses imperiales en estas naciones, incluso por las armas cuando ha sido necesario.
Recientemente, la tragedia ha golpeado a esta familia de forma semejante a lo que ocurrió con la pérdida de Solland, pues una horda de pielesverdes consiguió forzar la entrada en el Imperio a través del Paso del Fuego Negro en Brauzeit del presente año. Pese a sufrir muchas bajas, se las arregló para saquear varios asentamientos menores y granjas, y la mala fortuna quiso que llegaran a la bodega más productiva de los Wallenstein, en las orillas del Reik.
En el momento de la incursión, Leopold Wallenstein, hijo de Karl Wallenstein y heredero al mando de todas las ramas familiares, se encontraba en una embajada comercial en Karak Hirn. Al saber de la invasión pielverde, volvió apresuradamente a sus tierras con ánimo de defenderlas, pero fue derrotado y hecho prisionero por los orcos, y la bodega saqueada y destruida. Esto supuso un doble golpe terrible para los Wallenstein, pues no solo perdían una de sus más importantes fuentes de riqueza sino a su propio heredero.
Karl Wallenstein mandó exploradores a vigilar el movimiento de la horda pielverde, que, satisfecha con el botín, decidió regresar a su madriguera infecta a través del Paso del Fuego Negro. Al ver esto, solicitó a Ludwig Von Grenzstadt, Gran Maestre de la Orden del Oso Negro que los interceptara y rescatara a su hijo. La Orden del Oso Negro siempre ha mantenido buena relación con los Wallenstein, y el Gran Maestre convocó a sus caballeros y presentó batalla, llegando a trabar combate singular con el monstruoso kaudillo de aquella horda infernal. Aunque consiguió herirle, el pielverde acabó con la vida del Gran Maestre y de muchos de sus caballeros, y logró volver al este, llevándose al joven Leopold Wallenstein consigo.
Por tanto, los Wallenstein se encuentran ahora mismo sin heredero, cuyo paradero o su mera supervivencia se desconocen. No es posible declararlo muerto, y las leyes del Condado impiden que se puedan lesionar sus derechos durante al menos quince años sin poder certificar su defunción, pero los Wallenstein necesitan confirmar a alguien que represente la continuidad de la familia en estos tiempos turbulentos. Karl Wallenstein ha consultado con los abogados que habitualmente le representan y gestionan su patrimonio en Averheim, y ha comunicado a mi señor, el Conde Marius Leitdorf, que la herencia recae en Fernando Wallenstein.
Por lo que hemos podido investigar sobre Fernando Wallenstein, se trata de un hombre notable. Es primo segundo del desaparecido Leopold, aunque mayor que él, pues está cerca de los cuarenta años. Nació en la ciudad portuaria de Águilas, en el sur de Estalia. Su padre, primo carnal de Herr Karl Wallenstein, es imperial y su madre estaliana, y como casi todos los Wallenstein, pasó varios años de su infancia en Averland antes de regresar a Estalia. Ha liderado varias campañas militares tanto por tierra como por mar, y se le tiene por buen marino y buen comandante. Sabemos que, en su faceta de marino, ha trabado amistad con un comandante de Ulthuan encargado de vigilar las rutas marítimas que unen Arabia, Estalia y Tilea, por lo que cuenta con el apoyo de los señores élficos del mar. No sabemos qué efecto tendrá esto en los Wallenstein, quienes siempre han sido más cercanos a los enanos. El propio Leopold odiaba profundamente a los elfos tras su incidente en Laurelorn, pero su primo segundo parece tener buenas relaciones con ellos.
Su matrimonio causó una gran controversia, pues no se casó con una estaliana sino con una princesa árabe a la que raptó de Al-Haikk después de que su familia no consintiera el enlace. Se cree que es una adivina y astromante, aunque no hemos podido asegurarlo, y le ha dado varios hijos. Esto también hace que la situación de Lorena Wallenstein, prometida del desaparecido Leopold, se vuelva incierta, pues no podría casarse con el nuevo heredero. Creemos que el enlace que le unía a Leopold se romperá, pero los Wallenstein no nos han dicho nada. De hecho, ella formó parte del ejército que trató de liberar a su prometido en el Paso del Fuego Negro, y sabemos que su fracaso le produjo una profunda tristeza, si bien, al ser una hechicera del Colegio Brillante, esa tristeza se está manifestando de forma violenta. Ahora mismo forma parte de una campaña contra una incursión de hombres bestia en el norte del Condado.
En el momento de escribir este informe, el abogado Herr Zügelder está viajando a Estalia para entrevistarse con Fernando Wallenstein e informarle de su condición de heredero. Prevemos que esto significará su llegada al Imperio, quizá al mando de un ejército estaliano. Mi señor os ruega humildemente que no consideréis a este extranjero como un enemigo, sino como un sincero aliado del Imperio. Los Wallenstein son uno de los pilares sobre los que se sostiene tanto la economía como el ejército de Averland, y su reciente desgracia ha debilitado al Condado al completo. Es por ello que mi señor tiene la esperanza de que la aparición de este nuevo heredero servirá para reencauzar el destino de la familia y, por extensión, de todo el Condado.
Como no podía ser de otro modo, mi señor se compromete a teneros informado respecto a todo lo relativo del viaje de Fernando Wallenstein al Imperio, así como del paradero del infortunado Leopold Wallenstein, si es que algo llegara a conocerse. Mi señor me ha ordenado deciros que, si lo veis conveniente, exigirá a los Wallenstein que su nuevo heredero os jure personalmente lealtad y que viaje para ello a Altdorf si fuera necesario, si bien reitera que pese a su diosa y costumbres extranjeras, incluso los Wallenstein de allende el Imperio han sido siempre leales al trono imperial.
En nombre de mi señor y en el mío propio, espero que Sigmar os preserve con buena salud durante muchos años, y que haga próspero vuestro reinado.
Su humilde servidor,
Dr. Friedrich Strauss,
Secretario del Conde de Averland"
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