viernes, 9 de septiembre de 2022

La Orden de los Pilares

Saludos a todos, damas y caballeros.

Dentro del Proyecto Imperio, estoy preparando el batallón estaliano del que hablé en esta entrada, que incorporará una unidad de caballería. Uno de los muchos fetichismos que me permite satisfacer el Imperio es el de las cargas de caballería estilo Sobieski en Viena, y la personalidad de las diferentes órdenes militares que se pueden encontrar añaden un toque de molonidad adicional, tanto en reglas como en narrativa y pintado. Por el momento, la única unidad de caballería de la que dispongo es de la Orden del Oso Negro, la cual fue creada por GW y que no solo tiene la ventaja de ser de Averland sino que son una panda de borrachos acosadores de halflings, lo cual es maravilloso.

Para esta segunda unidad, y dado que van a pertenecer al destacamento estaliano, podría haber tirado de caballeros del Sol Llameante, que son la orden por excelencia de Myrmidia, o alguna otra que también adore a esta diosa y sea estaliana, como la Orden de la Lanza Justiciera. No obstante, he preferido inventarme una orden: la Orden de los Pilares.

La idea surgió cuando Pirro de Épiro me hizo entrega de parte de lo que catalogó como su "montaña de movidas", entre lo que había unos cuantos piqueros de Gamezone. Gamezone es una empresa cuyo nombre está maldito por las razones que todos conocemos, pero lo cierto es que sus miniaturas eran bastante molonas, especialmente las imperiales, y tenían un detallito adicional que me encanta: en los escudos de los piqueros figuraban lo que sin duda son las columnas de Hércules. Siendo yo sureño, me encantan estos escudos.

Hablando del tema con Chernov, me dijo que tenía varios escudos de estos por ahí tirados, así que se los compré para tener más. Y ahí fue cuando gesté la idea de la Orden de los Pilares, gracias a esos escudos. En cuanto al nombre, podría haber sido un homenaje al origen maño de Chernov, que me vendió los escudos, y hacer referencia a la Señora del Pilar, quien como es lógico no quiere ser francesa. Pero no van por ahí los tiros.

Ya he dicho en otras entradas que me gusta mucho la fantasía de rollo arábigo y la mitología y cuentos de la Arabia preislámica. Uno de esos mitos es el de Irem, la Ciudad de los Pilares. Se trata de una ciudad estilo la Atlántida o Sodoma y Gomorra, clásica ciudad muy avanzada y poderosa a la cual un desastre natural, quizá con intervención divina de por medio, acaba destruyendo. Lo curioso de Irem es que aparece no solo en el Corán, sino también, según creo, en las Mil y Una Noches y, lo que es mejor, en los Mitos de Cthulhu. De hecho, se supone que la historia de Irem es la que inspira el primero de los relatos de los Mitos, "La ciudad sin nombre".

Imagen de Alexander J

Lo cachondo de Irem es que se supone que encontraron sus restos en Omán, donde por mis pecados estuve desterrado un año. Me sonaba que los habían encontrado en Yemen, y casi habría preferido que hubiera sido en Yemen, pues es, junto con Marruecos, un país que dentro del mundo árabe tiene su cierta fama de hechicería y conocimientos prohibidos. De hecho, por lo que tengo entendido es el único país del mundo árabe por el que circulan copias completas de las Mil y Una Noches, libro prohibido donde los haya en esa zona del mundo. Vamos, que habría sido más divertido que estuviera en Yemen.

Sé que me estoy desviando del tema, pero ya vuelvo a Warhammer. En el trasfondo clásico de Fantasy, la conexión con el arabismo de fantasía y con Lovecraft es evidente dentro de la historia de los no muertos, como hemos hablado también en alguna ocasión. Abdul Al-Hazred, autor del Necronomicón, es en Fantasy Abdul Ben Rachid, autor del Libro de los Muertos (por cierto, ninguno de los dos nombres tiene sentido gramatical). Arabia, dentro de que está muy poco explorada, es una tierra misteriosa llena de hechicería, y del choque con otras naciones en las cruzadas surgen historias curiosas que complementan el carácter esotérico que ya le da la narrativa del Libro de los Muertos.

Así que eso es lo que quería hacer con la Orden de los Pilares: una orden de caballería que haga referencia a todo este ambiente aprovechando la idea de los escudos con pilares. En cuanto al esquema, es evidente que el rojigualda preponderante en la miniatura, sobre todo en el caballo, es un homenaje a la bandera, pero también a la maravillosa época roja de GW. Además, los toques de amarillo me permiten ligarlo a mi ejército de Averland, aunque sea de forma tangencial.

Un caballero de la Orden de los Pilares dándose un paseo por las Tierras del Sur

Y ahora sí, después de toda esta extensa introducción, vamos con el trasfondo de estos buenos caballeros.

LA ORDEN DE LOS PILARES

La Orden de los Pilares es una muy antigua y respetada organización militar estaliana, cuyos orígenes se remontan a los tiempos de las Cruzadas. La invasión de Estalia por parte del pérfido Jaffar generó un conflicto que perduró durante siglos, lo cual, como era de esperar, resultó un ambiente favorable para el surgimiento de incontables guerreros y héroes. La Orden de los Pilares tuvo un lugar destacado entre ellos, y sus hazañas sobrevivieron al fin de las Cruzadas, llegando hasta nuestros días.

Como devotos de la diosa Myrmidia, los caballeros de la orden conciben la guerra no como un puro combate físico, sino como una materia de estudio, un arte a perfeccionar. Esto es algo tradicional en el culto a la diosa guerrera, donde materias como la estrategia, la táctica o la logística son ampliamente conocidas por sus fieles. Sin embargo, la Orden de los Pilares va mucho más allá, pues favorece el estudio no solo de aquellas disciplinas con una relación más directa con la guerra sino también de otras cuya interacción quizá es menos evidente, como la física, la química, la geología o la Historia. 

En efecto, la Orden de los Pilares se precia de tener la erudición como uno de sus fines más elevados, y sus integrantes no solo son guerreros letales, sino estudiosos versados en varias ramas del conocimiento. Su presencia es habitual en Universidades y centros de estudio en Estalia, y también son, por esta característica, requeridos muchas veces por hechiceros y sacerdotes, quienes aprecian su carácter de hombres de ciencia. 

De hecho, el respeto por la sabiduría llega tan lejos en la Orden que alguien puede pasar a formar parte de la misma sin ser de ascendencia noble, siempre que demuestre poseer un grado superlativo de erudición. Al final, la clase nobiliaria es la única que puede permitirse perder unas horas de trabajo diario para emplearlas en aprender a leer y escribir, con lo que, en realidad, este carácter tan aperturista en apariencia apenas tiene efectos prácticos. Sin embargo, se sabe de casos de hombres cuyo origen no era noble y que han conseguido llegar a formar parte de la Orden.

Como cabría esperar, la razón por la que la Orden de los Pilares valora tanto el conocimiento no es inocente, y se remonta a los tiempos de las Cruzadas, cuando todavía no llevaba ese nombre. El secreto solo es conocido por el Círculo Interior, que son aquellos caballeros que no solo saben la verdad, sino que han tenido la desgracia de experimentarla.

Tras luchar varios años en Estalia contra las hordas de Jaffar, los árabes fueron finalmente expulsados y obligados a volver a sus desiertos. No obstante, fueron muchos los viejomundanos que llevaron la lucha hasta el corazón mismo de Arabia, y entre ellos se encontraban los caballeros de lo que sería conocida como la Orden de los Pilares. Al mando de su entonces Gran Maestre, Ruy Díaz de Haro, los caballeros cruzaron el mar y marcharon para unirse a las fuerzas que pretendían asediar Al-Haikk. Tras desembarcar en el puerto de Copher, emprendieron la marcha por el desierto, pero una terrible tormenta de arena se los tragó.

Cuando terminó la tormenta, los caballeros no tenían muy claro dónde se encontraban, viéndose perdidos en medio del inmenso desierto. Siguiendo la dirección que creían correcta, los estalianos finalmente llegaron a una ciudad, pero no era Al-Haikk. De hecho, no había ningún ejército cercano, y Ruy Díaz de Haro se extrañó, pues no contaba con que su fuerza fuera la primera en alcanzar la ciudad. Tampoco se veían los movimientos que alguien esperaría encontrar en una ciudad de las dimensiones de Al-Haikk: no había caravanas entrando ni saliendo de la urbe. Tras acercarse lo suficiente, vieron que la ciudad parecía estar desierta, y los caballeros entraron en ella con intención de reconocerla y pasar en ella la noche.

Aquello fue un error.

Tras un reconocimiento infructuoso, en el que no encontraron rastro alguno de vida, la noche trajo fenómenos extraños: sombras moviéndose entre las fogatas encendidas en el campamento, extraños ojos que parecían mirar desde rincones oscuros, susurros arrastrados por el sepulcral viento del desierto... para cuando se quisieron dar cuenta, los caballeros estaban bajo ataque. Unas terribles formas espectrales, parecidas a fantasmas o demonios, se abalanzaron sobre los estalianos, quienes se vieron envueltos en una lucha sin cuartel contra un enemigo que no pertenecía al mundo de los vivos.

La batalla se prolongó hasta el amanecer, momento en que cualquier rastro de presencia enemiga desapareció. Casi la mitad de los caballeros habían muerto, y los supervivientes se encontraban en un estado de suma perturbación por los horrores que habían contemplado aquella noche. No obstante, eran caballeros y sabían que no podían simplemente huir de aquel horror sin saber si había sido realmente derrotado, por lo que se armaron de valor y pasaron otra noche en la ciudad. Pero nadie apareció, ni en esa noche ni en ninguna de las otras tres que pasaron en la ciudad.

Finalmente, los estalianos abandonaron aquella ciudad maldita y llegaron a Al-Haikk, pero la ciudad ya había sido tomada por los cruzados. Sin nada que hacer, volvieron a Estalia, donde intentaron encontrar sentido a la terrible noche en que la mitad de la Orden había perecido. Tras leer varios grimorios y consultar con sacerdotes y hechiceros, tanto estalianos como árabes, llegaron a la conclusión de que la ciudad en la que habían combatido aquella noche era la urbe maldita de Irem, la Ciudad de los Pilares.

Aquel nombre era un mito dentro de Arabia, uno particularmente oscuro. Se suponía que había estado gobernada por un hechicero afín a Jaffar, un demonólogo perverso que había hecho trato con ancestrales djinn para evitar la ira de los cruzados. Sin embargo, al hacer eso atrajo hacia sí una atención aun peor, pues los djinn son seres maléficos y ningún trato que se haga con ellos puede perdurar. Efectivamente, pronto aquellos demonios se hicieron con el control de la ciudad, y toda vida en Irem desapareció de la faz de la tierra, arrastrada a dimensiones de penumbra...

Hasta que reapareció, y quisieron los dioses o la casualidad que su reaparición fuera la misma noche que los estalianos pasaban por allí. Los sabios consultados por los caballeros llegaron a la conclusión de que el propósito de la reaparición era que los djinn pudieran extender el terror desde Irem al resto de Arabia y el mundo, y que la presencia de los caballeros había impedido que cumplieran con su siniestro propósito. Además, mediante conjuros terribles pero necesarios, descubrieron que existía un portal en las ruinas de la Ciudad de los Pilares, un portal hacia el Reino de ultratumba al que los djinn se habían llevado a sus habitantes, y que el portal se abriría cada diez años.

Los caballeros juraron que impedirían el retorno de aquellos demonios al mundo de los vivos, y se convirtieron en la Orden de los Pilares. Su vinculación con Irem es en general desconocida, incluso para aquellos caballeros de la Orden que no forman parte del Círculo Interior, pero, cada diez años, aquellos caballeros que quieran pasar a formar parte del mismo son convocados y repiten el mismo viaje que hicieron los fundadores de la Orden tanto tiempo atrás. Algunos mueren antes de llegar a la Ciudad de los Pilares, sea por las inclemencias del desierto o por ataques de tribus árabes que les siguen considerando sus enemigos... aunque unos pocos han descubierto la verdadera motivación de la Orden y les dejan en paz o incluso se unen a ellos en su combate. Finalmente, cuando el portal se abre, los caballeros esperan a los demonios que surgen del mismo, manteniéndolos a raya hasta que el amanecer cierra el portal. Aquellos caballeros que sobreviven pasan a formar parte del Círculo Interior.

Dado que esto sucede una vez cada diez años, durante la mayor parte del tiempo la Orden de los Pilares puede actuar como cualquier otra orden de caballería. No obstante, tienden a favorecer aquellos combates en los que puedan adquirir algún tipo de conocimiento que permita cerrar el portal de Irem de una vez por todas, motivo por el que es común verlos en batallas contra enemigos sobrenaturales como el Caos o los no muertos, y también combatir en tierras lejanas, más allá de Estalia.

También por ello son grandes aliados de la familia Wallenstein, los principales valedores del culto de Myrmidia en el Imperio, pues saben que a su lado nunca les faltarán batallas que librar. Pese a la gran relación de amistad entre la familia y la Orden, ningún Wallenstein ha conocido jamás el secreto de la Orden. La única excepción a esto fue Esteban Wallenstein, quien llegó a ser Gran Maestre de la Orden en el siglo XXIII y quien, de hecho, murió en su tercera expedición a la Ciudad de los Pilares. Sin embargo, siempre se mantuvo fiel a la Orden y no reveló el secreto a nadie, ni siquiera en su familia.

Imagen de BisBiswas

4 comentarios:

  1. Qué excusa más rebuscada para llevar tus imperiales a las Tierras del Sur, con la esperanza de que lo hagan mejor que tus no muertos. ;)
    Bromas aparte, ¡me parece un trasfondo muy chulo! Exótico, misterioso y muy original. Y un buen nexo con tus Wallenstein. :)

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    1. ¡Muchas gracias! Jajajajajaj no no, lo iban a hacer incluso peor. Realmente la excusa es para que sean de la orden que tiene RM y ataques mágicos, no hay más. Y justificar esos escudos tan cojonudos.

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  2. Que caballeros más simpáticos. Será una pena tener que matarlos .. (Chernov)

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    1. Que los puedas matar o no dependerá de cuánto aguanten los escudos que me has dado!!

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