Saludos a todos, damas y caballeros.
Llevo varias semanas, concretamente desde que jugamos la última partida del "Lamento de Wallenstein", dando la murga con jugar el eventual rescate del pobre Leopold, que acabó la campaña más bien jodido y prisionero de los orcos. Hablé de ello en este relato, publiqué hace poco el escenario que me inventé para representar el rescate (en el que amplié un poco el Trasfondo también) y, por fin, ha llegado el momento de ver el desenlace.
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| Hasta Papá Noel en persona se presentó para intentar salvar a Leopold (aunque hay quien dice que es Merlín) |
Independientemente de cualquier otra consideración, quiero aprovechar este momento para hacer el enésimo alegato en favor del juego narrativo, que es como siempre ha estado concebido este hobby y por tanto como más partido se saca de él. Si a mí la derrota o la victoria me importaran algo (en los moñecos) estaría quemando mi ejército imperial, las cosas como son. Como, gracias a Dios, me importan un carajo, puedo disfrutar como un enano de las vicisitudes que sufren mis hombrecillos de plástico y metal, y es lo que nos lleva a tardes tan cojonudas como la que pasamos Sir Sedentor y yo echando esta partida (con la presencia de Fornidson como testigo, que hasta trajo palomitas)










