Saludos a todos, damas y caballeros.
Todo nuevo proyecto miniaturil es en realidad una nueva oportunidad de contar historias, historias que estarán protagonizadas por grandes héroes, cortacuellos oportunistas, hechiceros perversos, sacerdotes piadosos o dementes incorregibles. Lo gracioso de los personajes que aparecen en este blog, que han sido muchos, es que es fácil reconocer quién los ha escrito según los arquetipos que muestran. Si los ha hecho Fornidson, con gran probabilidad serán unos cabrones hideputas, mientras que si los ha hecho Malvador serán criaturas birriosas con aires piratescos.
En cuanto a mis personajes, he tratado de encontrar una aceptable diversidad de arquetipos, desde brujas lesbianas pulp a rectos adoradores de Myrmidia, pero debo confesar que siento una cierta debilidad por los tarados sin más objetivo vital que la destrucción. Quizá porque es como probablemente acabaré yo dentro de unos años. Pero bueno, no hay que adelantar acontecimientos. Mientras se consume mi lento descenso hacia la locura, utilizo los wargames como sustitutivo imperfecto y, tras haberos mostrado el otro día las tropas de la Fortaleza de los Condenados, llega el momento de hacer lo propio con los personajes.
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